sábado, 1 de mayo de 2010

Lourdes

Película, dirigida por Jessica Hausner, trata sobre una mujer, Christine, ha pasado la mayor parte de su vida confinada en una silla de ruedas. Para escapar de su aislamiento, emprende un viaje a Lourdes, el legendario lugar de peregrinaje en el corazón de los Pirineos. Una mañana, se despierta aparentemente curada por un milagro. El jefe del grupo de peregrinos, un seductor voluntario de la Orden de Malta, empieza a interesarse en ella, que intenta aprovechar esa nueva oportunidad para ser feliz, mientras que su curación despierta envidia y admiración entre los demás miembros del grupo.
Trailler de la película

Los caminos del Señor son inescrutables. Ése podría ser el subtítulo de Lourdes, tercer largometraje de la cineasta austriaca Jessica Hausner. El filme, rodado en la mítica localidad francesa, nos cuenta la historia de unos peregrinos que acuden a Lourdes en busca de un milagro que les cure las enfermedades que padecen. Su visita a los lugares santos, mostrados como si se tratasen de atracciones para consumidores-creyentes, se verá alterada cuando Christine, no precisamente la más religiosa del grupo, se despierte un día completamente sana y sin signos de la parálisis que la tenía confinada en una silla de ruedas.

Con este argumento, Hausner nos ofrece una película que está tan lejos de los largometrajes religiosos de estampita, tan bien representados por títulos como La canción de Bernadette o Marcelino, pan y vino, como de la crítica atea a este tipo de fenómenos más o menos increíbles. La realizadora nunca niega el acontecimiento milagroso, aunque tampoco deje claro si éste es consecuencia del puro azar o de la intermediación de Dios. De hecho, como si fuera una ironía del destino (o quizá de los designios divinos), la directora y guionista europea nos muestra a la destinataria del milagro como una joven que visita Lourdes más por puro pasatiempo que por verdadera fe. Por el contrario, la estricta enfermera, encargada de cuidar a los peregrinos enfermos, parece destinada a morir de cáncer, pese a su devoción religiosa y su sacrificio diario.

Hausner, que ganó con este filme el Giraldillo de Oro a la Mejor Película en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla (premios), opta por una inteligente ambigüedad que nunca acude a discursos innecesarios para contarnos esta historia sobre la fe, los milagros y sus derivados. La realizadora apuesta por un estilo casi contemplativo, donde los silencios, los planos de larga de larga duración y el humor sutil son los reyes. Ejemplos de esta particular hilaridad los encontramos en los divertidos diálogos de un grupo de peregrinas que comenta el milagro de Christine o en el chiste religiosamente incorrecto que cuenta uno de los sacerdotes. No obstante, la realizadora no pone especial énfasis en estos momentos más distendidos, reforzando de esta manera su personal apuesta por un cine que parece huir de los subrayados. Esta manera de filmar nada exhibicionista lleva a la directora a requerir interpretaciones mesuradas y casi minimalistas de sus estupendos actores, entre los que destaca la gran labor de Sylvie Testud, esa peregrina más preocupada por ligar con un voluntario de la Orden de Malta que en dar gracias a un Dios que le ha librado de su silla de ruedas.

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