domingo, 5 de junio de 2011

Ignacio Ellacuría

Un hombre que se entregó a la causa de los últimos.
Optó por reflexionardesde la realidad de los pobres de su tierra.
Una opción meditada y tenaz que le costó la vida.
Esta opción suya,compartida también por otros compañeros con los que trabajaba,
convirtió una institución universitaria en defensora de los más débiles.




La única posible solución de nuestro mundo es  
“una civilización de la sobriedad compartida”

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