sábado, 15 de septiembre de 2012

Hesicasmo

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Eremitorio de las cárceles

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Toda mi esperanza es el Señor



El Hesicasmo es una forma de vida contemplativa en la que se busca la comunión con Dios por medio de la soledad, en la hesychía, es decir, en la tranquilidad interna y externa, y en la oración continua. La hesiquía en los autores espirituales indica al mismo tiempo recogimiento, silencio, soledad exterior e interior unión con Dios. Desde el punto de vista histórico, el hesicasmo va ligado a tres aspectos distintos, pero interdependientes entre sí. 


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1. El primero se identifica con el origen y el desarrollo del monaquismo oriental. La paz, la quietud, el silencio, eran el modo de vivir del monje (monachus significa "solitario"). En el desierto, el lugar por excelencia de la soledad, el anacoreta (de anachorein, "retirarse") tenía que recogerse, encontrar el camino para entrar en su "corazón" Y reunirse allí con el Señor a través de la fe, la penitencia, el ayuno, la caridad y la plegaria. En el Gherontikon (Vida de los Padres del Desierto) se cuenta que, cuando el abad Arsenio preguntó a Dios qué es lo que tenía que hacer para salvarse, sintió una voz que le decía: "Arsenio, huye, calla y practica la hesiquía". Juan Clímaco consagra el famoso capítulo 27 de su Escala del paraiso a la "santa hesiquía del cuerpo y del alma". He aquí cómo define el ideal del hesicasta: "El hesicasta es el que dice: "Mi corazón está firme" (Sal 57,8). El hesicasta es el que dice: "Yo duermo, pero mi corazón vela" (Cant 5,2). La hesiquía es culto, servicio ininterrumpido a Dios, que el recuerdo de Jesús haga una sola cosa con vuestra respiración; entonces comprenderéis la utilidad de la soledad".

Para Isaac el Monje o el Sirio (o de Nínive) la hesiquía constituye la cima de la perfección y la "madre de la penitencia". Para Evagrio Póntico, el gran maestro de la oración, es imposible ser monje sin retirarse del mundo y sumergirse en la hesiquía: "No es posible tener éxito en la vida monástica y frecuentar al mismo tiempo la ciudad en donde el alma se llena de una muchedumbre de pensamientos variados que le vienen de fuera", Para él la hesiquía es un "estilo de vida", es una "ciencia" o arte, es la "gracia" de Dios. Le recomienda al monje: "Haz todo lo que puedas, todo lo que te sea posible para vivir en la hesiquía". Esta soledad, este retiro de los monjes del mundo y del ruido tiene como finalidad la hesiquía interior que según I. Hausherr se puede describir como algo que se refiere a la interioridad del hombre, más que un modo de vivir o un estado de ánimo. Es el resultado de un largo combate contra las pasiones, las agitaciones, las preocupaciones mundanas. El fruto de todo esto es la amerimnía, es decir, la gran serenidad de espíritu, la libertad de todos los afanes terrenos, el "no preocuparse de todas las cosas de este mundo para dedicarse sólo a Dios" (Doroteo de Gaza). La amerimnía conduce a la nepsis, o "sobriedad". Se trata de una especie de ayuno espiritual que consiste en guardar el entendimiento, la mente y el corazón sin alterarse ni excitarse por las pasiones y distracciones, a fin de permitir que el hombre permanezca en la oración. Es la actitud del cristiano que debe siempre "permanecer en Cristo" (Jn 15,4), con todas sus facultades, y constituye de por sí todo el programa de la vida monástica: en la tradición bizantina a los santos monjes, maestros de oración, se les llama precisamente "népticos". La nepsis va unida con la prosoché, esta palabra significa atención. Se trata de la atención del corazón, de la custodia del corazón. 


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2. Hesicasmo como oración continua. Esta hesiquía interna no constituye una finalidad por sí misma, el objetivo final es la unión contemplativa con Dios a través de la "oración del corazón" o la "plegaria de Jesús". Aunque este modo de orar se encuentra en los Apotegmas de los Padres y en las Vidas de los Padres del Desierto, quienes lo han descrito con mayor perfección son los autores de la escuela sinaítica de los siglos Vl y Vll, especialmente Juan Clímaco y Hesiquio Sinaíta o de Batos (zarza). Sin embargo, los grandes maestros de la oración hesicasta que crearon el método y sobre todo la teología de la oración hesicasta son algunos autores de los siglos XIll y XIV, especialmente del monte Athos. Recordemos algunos: Gregorio llamado el Sinaíta (+ 1346), trasladó del monasterio del monte Sinaí la "oración del corazón" al monte Athos. Nicéforo el Hesicasta, de origen siciliano o calabrés, se convirtió a la ortodoxia y se hizo monje del monte Athos; escribió un pequeño tratado titulado "Sobre la custodia del corazón", que es una obra clásica sobre la oración hesicasta. Del siglo XlV es el tratado anónimo "Método de la santa oración", atribuido falsamente a Simeón el Nuevo Teólogo. Otro gran hesicasta es Teolepto, metropolita de Filadelfia (1250-132415), que formó a enteras generaciones en la plegaria hesicasta. Recordemos finalmente a los dos monjes Ignacio y Calixto (siglo XIV), del monasterio "ton Xantho poulon", llamados por eso Xantópoulos; parte de sus escritos sobre la Oración hesicasta y sus presupuestos (esto vale también para los otros autores citados) se encuentran en la colección de escritos Filocalia (la palabra filocalia significa "amor a la belleza"), publicada por primera vez en Venecia en 1782 por el monje Nicodemo Aghiorita ( 1749-1809), del monte Athos, y por el obispo Macario de Corinto (1731-1805).


Algunas características de la oración del corazón:
Conscientes de la necesidad de orar continuamente, los ambientes monásticos se preocupan de permanecer siempre en presencia del Señor con oraciones sencillísimas o jaculatorias (monológicas). La fórmula primitiva de esta oración parece ser el Kyrie eleison ("Señor, ten piedad"), cuya repetición constante en las liturgias orientales se remonta a los Padres del desierto. La fórmula más común es: "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador" (cf. Lc 18,13 y 18,38). Se trata del grito del ciego de Jericó que implora de Jesús su curación. ¿Por qué se ha escogido esta fórmula y no otra? Los autores espirituales responden que en esta fórmula existe en síntesis todo lo que es necesario de parte de Dios y de parte del hombre para nuestra salvación. La primera parte: "Señor Jesús, Hijo de Dios", constituye el presupuesto divino de nuestra salvación; efectivamente, Jesús es salvación, trae la salvación a todos los que lo invocan: "Todo el que invoque el nombre del Señor, se salvará" (Hch 2,21). La segunda parte: "ten piedad de mí", constituye el presupuesto humano, denota la actitud fundamental del hombre frente a Dios. Se trata de la cosa más importante de parte del hombre: la fe, la tranquilidad dentro de sí y el espíritu de metanoia, es decir, de penitencia, de conversión. Es el espíritu del publicano de la parábola de Jesús. La primera parte se llama "oración de Jesús"; la segunda, "oración de compunción del corazón"


 




3. Finalmente, el término "hesicasmo" va ligado a las disputas religiosas suscitadas en Bizancio en tiempos de los Paleólogos (siglo XIV), con su epicentro en Gregorio de Palamas y Barlaam de Calabria (sobre este aspecto, ver Palamismo).


(Fuente




"Si le abres...
Vamos de camino, portando una ermita pequeña, que custodia el mayor de los secretos. Lo más pequeño puede llevar a lo más grande, porque nos adentramos en un misterio que abre siempre más nuestras perspectivas y supera cualquier deseo... La fidelidad a la oración pequeña... Una sola palabra, tal vez cargada de lágrimas, esas mismas que se derramaron en los pies del Señor... ¿Por qué no? Entrar y no quedar fuera, es lo mismo que abrir las puertas y regocijarnos por Su Presencia en casa, donde Él tiene sus delicias en estar en y con nosotros.
 
¡Oración pequeña, cargada de silencio! En medio del desierto, en medio de la vida, en medio de una peregrinación que no conoce confines... Una palabra puede er La Palabra... Si el corazón está abierto ¿quedará el Señor afuera?
 
Vacía, pues, la casa. Y ábrela, ya que Él llama, está a la puerta y llama. 
Y nada ni nadie puede apartarte de Él."


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